Sexo con Amor (la película que no ví)

El mejor horario para ir al cine es la mañana y el único día en que nos alcanza para la entrada es el miércoles. A Ella le dan mesada yo, en cambio, invento cuotas de curso impagas, materiales para Artes Plásticas y así armo mi “semanada”. Ya con los planetas alineados y cinco mil pesos en el bolsillo, nos alcanza perfecto para una escapada de dos en el centro de Santiago.

No voy mucho al cine, así que estoy ansiosa y feliz. Por fin son las 13:15 hrs y salimos rápido del colegio, cada una con una tenida “de calle” en la mochila y en dirección al baño del hospital que queda cerca. Nos cambiamos, nos damos todos los besos guardados y salimos rápido, antes de que alguien nos eche abajo la puerta.

Recuerdo perfecto su ropa ese día: Un pantalón cuadrillé y un chaleco con líneas horizontales, todo muy colorido, ajustado y me da vergüenza mirarla. Me tiento de risa, pero trato de disimular para que no se malentienda y los frenillos no se me vean tanto. Ahí vamos por fin, dos niñas rodeando el Cerro Santa Lucía en dirección al cine que queda en Huérfanos con Mac Iver.

No tengo idea que hay en cartelera y lo único que importa es que la función empiece luego, así las horas de desaparición no serán tantas. Veo un afiche gigante de la Sigrid Alegría en pelota con las piernas cruzadas y ya con el ticket en la mano me pregunto qué hago ahí. Subimos al segundo piso por una de las dos escaleras torcidas y llegamos al centro, a la sala más grande.

Mientras subimos por las butacas tirito de miedo, pero ella me lleva a un lugar que no tiene idea, uno que nunca más podré borrar de mi memoria. Nos sentamos justo al medio en la última fila de la sala y en la oscuridad puedo ver que sólo hay una par de personas más adelante. Miro mi Nokia 5110, más conocido como “ladrillo”, y tengo muchas llamadas perdidas de mi mamá. Lo apago sin pensar, con la excusa – en esos años creíble – de la falta de batería.

Ya tenemos nuestra hora y media de libertad y tranquilidad. Empieza la película y trato de concentrarme, aunque Ella me mira fijo, sin ninguna excusa. Yo la miro intermitente, mientras la luz del telón dibuja su cara, dulce y evidente. Extiende su mano hacia mí y no sé cómo hacerla adivinar que es mi primera vez así, a oscuras y sintiendo que mi voluntad no era nada cuando la tenía a mi lado.

Más hundidas en las butacas, nos abrazamos y mientras suena la canción pegajosa de Los Petinellis, me giro hacia la izquierda. Al compás de “Sexo con Amor”, nos juntamos en un beso exquisito. Con los ojos cerrados, quisiera quedarme en sensación alucinante para siempre, pero no, no se puede, y la trama va muchos pasos más adelante que yo.

Ya casi termina la película y es como si una locomotora bajara paulatinamente la potencia con la que avanza. La hora y media de felicidad se me escapa, y los gestos placenteros en la oscuridad se endurecen con la luz del día.

Quiero volver, que se repita todos los días, pero no podemos juntar esos cinco mil todos los miércoles, el celular no puede descargarse con puntualidad y los planetas no van a alinearse tan fácil de nuevo. El afiche de la Sigrid lo van a sacar y Álvaro Henríquez ya no podrá darme el empujón que necesito para caer en los brazos de Ella, con muchas ganas de Amor y tal vez de Sexo, pero inconsciente, inocente e imaginario.

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